NUEVA NARRATIVA
LO QUE CABE EN CATORCE LETRAS
6.11.11
DECISIONES
2.11.11
EL INMENSO CASTILLO DEL INMENSO LAGO

1.11.11
EL DUENDE-DE-MIERDA
23.10.11
LA HISTORIA PERFECTA
17.10.11
LO ABSURDO DE LAS RAZONES
1.9.11
LETRA CONTRA LETRA (V)

31.8.11
LETRA CONTRA LETRA (IV)
30.8.11
LETRA CONTRA LETRA (III)

28.8.11
LETRA CONTRA LETRA (II)
27.8.11
LETRA CONTRA LETRA
25.8.11
DISCULPAS PARA QUÉ
10.8.11
QUE TODO SEA UNA PINTURA
31.7.11
ELLA
6.7.11
EL AMOR DE LAS CAJERAS (COSAS QUE PASAN EN EL METRO)

30.6.11
ASÍ LA GENTE POR FIN APRENDE
22.6.11
CIERTAS NOCHES

20.6.11
MANIFIESTO
17.6.11
EN LA REGIÓN DEL RUIDO
6.6.11
NOCHE EXTRAÑA
30.5.11
EL BESO ANTES DEL BESO
17.5.11
EN OTOÑO, LOS CARACOLES
–Muchacho –me dijo.
Tardé en oírle. Su voz era como un silbido apagado.
–Muchacho –insistió intentando dotar su intención de una severidad imposible para un caracol. Abrí primero un ojo.
–¿Quién es? –Pregunté.
Percibí un minúsculo movimiento en mi velador, sentí un rumor viscoso y, entonces, abrí el otro. El caracol me había despertado. En ese momento supuse que era un sueño o quizás una pesadilla, aunque para efectos oníricos es la misma cosa. Sin embargo, horas después, no me quedarían dudas de que nada podría haber sido más real que lo que me tocaría experimentar.
–¿Caracol? –Le pregunté.
–Muchacho –me contestó.
–¿Qué significa esto?
–Vengo a reclamarte en nombre de los caracoles.
Me senté apoyado en la cabecera y encendí la lamparita a mi costado. Los cachitos del caracol se asomaron.
–Tenemos un listado –continuó el caracol sacando una pequeña lista de su concha– de todos los caracoles que has asesinado de un modo u otro.
–¿Qué?
–Lo que oyes.
Por un momento pensé en lo absurdo que resultaría si mi madre entrara y me viera hablando con un caracol. Con quién hablas, imaginé que me preguntaría. Con nadie, le contestaría. Quédate dormido, me diría y luego se iría.
–Desde agosto de mil novecientos noventa y tres, a la fecha –dijo el caracol–, has matado tres caracoles con la mano, ochenta y cuatro con el pie y nueve babosas con sal.
–Como todo niño –argüí en mi defensa.
–¿Qué edad tienes?
–Veinte años.
–¿Te consideras un niño?
–No.
–Bien, tu mayor acto de genocidio contra los caracoles fue hoy: mataste a treinta y dos en cosa de minutos.
–No, no, debes estar equivocado –dije sin comprender el porqué del nerviosismo que empezaba a invadirme–. Hoy no maté a ningún carac…
Es otoño, pensé, y sólo entonces comprendí. Durante la tarde, cuando venía de vuelta de la universidad, me dediqué a pisar todos los montones de hojas que había a lo largo de mi calle. Nunca habían estado tan crujientes, le comenté a mi hermana cuando llegué. Claro, no habían sido las hojas.
–¿Cuál será mi castigo? –Pregunté intentando serenarme.
–Un ejército de caracoles viene para acá –el caracol se detuvo para luego sentenciar:– Has sido condenado a muerte.
–¡Pero si fue sin querer! –Exclamé.
–Lo siento, muchacho.
Y así el señor de los caracoles emprendió su regreso. Yo, en tanto, solté una risotada y alcancé a decirle:
–Da lo mismo, con lo lentos que son, para cuando lleguen yo ya me habré ido.
Y volví a reír. Una risa ahogada, claro, cuando me percaté de que los caracoles, en su silencioso andar, ya eran una horda infinita en mi cubrecamas.
5.5.11
POST

Me gusta también que en tu foto de perfil salgas sonriendo. Y sí, apenas te conozco, o te conozco en binario, es cierto, pero sé de todos modos que existes, lo sé porque te vi una vez, me conseguí tu nombre y te agregué a Facebook. Lo más chistoso es que si yo apenas te conozco, tú no me conoces nada y aún así me aceptaste. Me da risa; no es que me ría de ti, sólo me da risa. Te juro que no me estaba riendo de ti, sería un idiota si te lo dijera. Qué patético es reírse solo frente a la pantalla del computador. Si tan sólo ésta también se riera. Hay un programa que lo hace, me lo voy a bajar más rato, después de ver Star Wars, la van a dar en el cable, en el 35, vela. Bueno, como te decía, te conozco en binario. ¿Sabes a lo que me refiero? Unos y ceros, claro. Digitalidad. Matrix. No sé si viste esa película, pero es el vaticinio exagerado de lo que nos va a caer encima en un par de años. Pero tampoco es pa’ morirse de miedo. A mí me parece más bien triste, no sé, yo vivo solo, pero sé de familias que bajo el mismo techo se comunican por chat, por Whatsapp, así se comunican. Este post está saliendo más largo de lo que esperaba, y estoy viendo The BigBang Theory. Te invitaría pa’ acá, a mi departamento, vivo solo, no sé si ya te dije, típico de provinciano. Pero no te puedo invitar así, con un mensaje que todos van a leer. Quizás te mande un inbox más rato. Oye, ¿en qué estábamos? ¡Ah! Te conozco en binario y, no sé, lo he conversado con mis amigos cuando tarreamos o cuando comentamos libros de ciencia ficción, y me dicen que quizás es mejor que empecemos a conocernos por Facebook primero, las fotos, las cuestiones, tú entiendes. Antes te puse que no me conocías, pero fue una especulación, ¿me has visto alguna vez en la U? Soy mediano, tengo el pelo largo, uso anteojos y tengo un maletín con parches de Iron Maiden. Paso harto rato en los computadores porque me gustan, además… ¿Tú crees que vas a leer este post? Igual es largo. Porfa avísame cuando lo leas. No sé, déjame un mensaje o… Bueno, te dejo, voy a ver a Salfate, me encanta, yo sé que tiene razón en muchas cosas pero todos lo miran a huevo, se burlan de él, etcétera. Para cerrar sólo quisiera decirte una última cosa, y quizás esto le dé sentido a todas las estupideces que acabo de escribir tratando de hacerme pasar por un maldito nerd, convenciéndote de eso sólo para que entiendas lo que a continuación te diré: es triste ver cómo las costumbres en algunas culturas se redujeron a simples aplicaciones para iPhone. No dejes de pensar en ello.
Hace una hora a través de iPhone
27.4.11
QUIERO TU MEJILLA
Córrete el pelo que quiero darte un beso en la mejilla. En la mejilla. No puedo. Tienes el pelo. Quiero darte un beso en la mejilla, córrete el pelo. Un beso. En la mejilla. Córrete el pelo. Me gusta tu pelo, pero quiero darte un beso en la mejilla. Quiero besarte. La mejilla. El pelo largo te cae sobre la mejilla, no puedo darte un beso. Córrete el pelo que quiero darte un beso en la mejilla. No te acerques a saludarme con el pelo en la mejilla. Descúbrete la mejilla. Quiero darte un besito en la mejilla. Pero está tu pelo, como cortina, tu pelo. Córretelo. Quiero tu mejilla. Te beso el pelo.
13.4.11
LA HISTORIA INCORRUPTIBLE
31.3.11
EL RESULTADO

23.3.11
AQUELLO INDESCRIPTIBLE
MENSAJE DEL AUTOR
22.3.11
NO SOMOS NADA
15.3.11
POR QUÉ ESCRIBÍ ESTO, NO LO SÉ
13.3.11
LA REALIDAD DE LOS ESCRIBIDORES

11.3.11
ÉSE SOY LA HUMANIDAD

1.3.11
ELLOS QUE ANDAN POR ALLÍ, POR ALLÁ
26.1.11
SANTIAGO ENSUEÑOS
Lejos de mi ciudad –y por lo mismo extrañándola como mártir a su vida–, anoche soñé que tomaba a Santiago con mi mano derecha y lo ponía a un costado del mar. Como la concatenación precipitada de un proceso ineludible, el agua bañó las periferias y el esmog huyó por el espacioso océano. Las gaviotas se anidaron en los altos edificios, el viento orquestó de pronto su sinfonía y el semblante de la gente cambió a uno prístino y tranquilo. Se construyeron faros para los barcos que comenzaron a llegar desde ultramar y, del mismo modo, se construyó un puerto cuyo nombre conmemoró a algún prócer de la patria. Cuando llovía y se aproximaban las nubes y los vientos arreciaban y el frío aguijoneaba las casas, los puentes, las torres, las gentes se refugiaban en sus hogares y veían televisión y pensaban en lo hermoso que era vivir a un costado del mar o quizás pensaban en lo hermosa que era la lluvia cayendo sobre el océano, o tal vez simplemente no pensaban en nada y sólo veían televisión. Cuando en cambio el sol inundaba cada calle, rebotaba en los faros y calentaba los fierros de los puertos y las grúas, las gentes salían de sus casas con la alegría de intuir, al menos, que una mano amiga, en algún sueño, había puesto a Santiago al lado del mar. 13.1.11
CAMINAR POR LA CALLE
15.12.10
CONCHETUMADRISMO

6.12.10
UN ÚLTIMO RESPIRO
24.11.10
LO QUE ELLOS HACEN MIENTRAS (NOS DES)VIVIMOS EN NUESTRAS CIUDADES REPLETAS E INFESTADAS, TAN LLENAS DE NOSOTROS; TAN, POR ESO, REPUGNANTES
22.11.10
PROVINCIANA
16.11.10
DE MIS IDAS A LA FERIA
Rodrigo Fresán

Vi el auto estacionarse. Vi a su conductor bajar de éste. Vi que sacaba un arma del bolsillo y que se internaba en el mar de gente que inundaba la feria a esa hora. Luego los disparos. A continuación los gritos. Vi cómo algunos alcanzaban a escapar. Vi que el antes conductor, ahora asesino, se dirigía a un punto en particular, que matar a aquella gente no era su intención, pese a que de todos modos le acomodaba. Matar. Vi que llegaba a la última estantería. Vi que tomaba un libro. Supuse que era el que había supuesto. Luego más disparos. A continuación más gritos. Vi una, dos, tres, cuatro personas desangrándose en el piso. Había otras que se arrastraban y se tomaban la cabeza. Atardecía. Era primavera. El polen me daba alergia, comezón. Estornudé. En esa fracción de segundo perdí de vista al asesino, pero lo hallé de inmediato subiendo las escaleras. Vi a la policía entrar. Sentí el olor de la bencina. El último rayo entrando por el ventanal me dio de lleno en el rostro. Era tibio. Yo estaba listo. Encendí el helicóptero a las 19.23, tal cual había sido acordado. El asesino llegó dos minutos después, tal como me lo había dicho. El trato pronto sería sellado. Yo sólo debía pagarle. Él sólo entregarme el libro. Sin embargo la policía. Sin embargo venían. Vi un contingente armado que se dirigía hacia nosotros. Oí que el asesino me gritaba, dale, dale, dale. Entonces me elevé. Entonces llevé al helicóptero, al asesino, al libro y a mí a un lugar seguro donde la negociación concluiría. En ese mismo lugar le arrebataría el arma al asesino, y yo me convertiría en asesino también. Ésta y otras cosas se me ocurren cada vez que voy a